Cosautlán: Diario de un Consultor Cooperativo Frente al Municipio, la Burocracia y la Esperanza (Capítulo 1)

 1. La paradoja de partida: 

cuando el municipio cierra la puerta que se supone debe abrir

En Xalapa, la capital del estado de Veracruz, cerró la oficina de Economía Social. La razón oficial es simple: no hay suficientes cooperativas. De las que se crearon en la administración anterior, hoy sobreviven pocas y no hay más que hacer.

Cuando una oficina pública dedicada a fomentar el cooperativismo cierra porque no hay cooperativas que atender, algo está profundamente roto. Y no hablo solo de políticas públicas mal diseñadas, que también. Hablo de que nadie está acompañando a la gente en el proceso más delicado de todos: crear una organización que sobreviva a su propia gente, a la burocracia y al mercado.

Yo lo viví en carne propia. Hace tres años, la cooperativa Alimentariia, con más de 60 socios, fue víctima de una toma hostil del mando. Engaños, promesas de apoyos por promoción de votos y pérdida del rumbo. En meses, cerró. Esa experiencia me dejó una certeza: el problema no es solo crear cooperativas, es crear cooperativas que no mueran por sus conflictos internos.

Con esa certeza me acerqué al municipio de Xalapa para impulsar el movimiento desde la base. Pero la oficina ya estaba cerrando. Así que busqué otro frente. Y lo encontré en Cosautlán de Carvajal.


Noviembre de 2025. Cosautlán: 

un laboratorio para reconstruir la confianza

Cosautlán es un municipio cafetalero enclavado en las montañas veracruzanas. El café es el producto que genera economía en la localidad, pero tiene un problema estructural: un acopiador fuerte con vínculos con Nestlé golpea el precio del café cereza, y muy pocos productores pueden secar y almacenar café pergamino para acceder a mejores precios. La cadena de valor está capturada.

A eso se suma una crisis hídrica silenciosa pero devastadora. Comunidades enteras reciben agua seis horas cada veinte días.

Cuando llegamos, no fuimos a vender una fórmula mágica. Fuimos a proponer dos cosas concretas:

  1. Revive el Agua Cosautlán: una cooperativa de servicios básicos enfocada en captación de agua de lluvia y gestión comunitaria del recurso.
  2. Montaña Viva Cosautlán: un sistema de cooperativas de producción que busca romper la dependencia del acopiador, apostando por el secado y almacenamiento colectivo de café pergamino.

Dos proyectos, una misma lógica: que la comunidad controle sus recursos esenciales —el agua, el café y sus otras vocaciones productivas que se entrelazan — a través de estructuras cooperativas diseñadas para resistir.


28 de Abril del 2026. Alineación de "La Red +Natural" y el PECDRS 2026-2030: 

la estrategia que el municipio aún no entiende del todo

Ninguno de estos proyectos está flotando en el aire. Están alineados a un instrumento de política pública que muy pocos municipios están usando: el Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable 2026-2030, el PECDRS.

En palabras simples: el PECDRS es un mecanismo que permite que programas de distintas dependencias federales, estatales y municipales se alineen hacia un mismo objetivo de desarrollo rural. Es una palanca, pero una palanca que requiere voluntad política local para activarse.

Nosotros, ya habíamos decidido usarla. La Red +Natural —basada en mi experiencia con Alimentariia— se inserta en ese marco como una estrategia de cooperativas de servicios básicos y producción sustentable. No es un proyecto aislado: es un modelo que, si funciona en Cosautlán, puede replicarse en otros municipios.

Pero para que funcione, hace falta algo que no se puede improvisar: un Diagnóstico Participativo serio, hecho casa por casa, comunidad por comunidad.

Y ahí es donde empieza la verdadera batalla.


20 de Marzo del 2026. El cuello de botella: 

la batalla por el Diagnóstico Participativo

En noviembre de 2025, entregamos a CONAGUA central, en la Ciudad de México, un preproyecto con el que perfilé la necesidad de mejorar los datos que se tienen en CONEVAL y el INE. El preproyecto fue aceptado. Ese fue el punto de partida.

Pero CONAGUA estatal no nos hacía caso. Y el municipio, desde la administración anterior, ya nos había rechazado.

Así que redacté un documento haciendo énfasis en la importancia crítica del Diagnóstico Participativo. Le adjunté todos los oficios, firmas y documentos que habíamos generado hasta ese momento, y lo metí por todas las vías institucionales disponibles: CONAGUA estatal, CAEV, el Secretario de Gobierno y la Oficialía de Partes de la Gobernadora del Estado.

El resultado fue una reunión. En esa mesa estuvieron el alcalde y su equipo de primera línea, las dos áreas de CONAGUA (Central y Estatal) y CAEV. Ahí, nos pidieron una lista de las comunidades con mayor vulnerabilidad hídrica para ser verificada en otra reunión con el municipio.

Esa lista la entregamos hace aproximadamente un mes, en reunión en el municipio con CAEV y CONAGUA estatal. Y ahí empezó la reticencia.

Para nosotros, Huehuetoca era alta vulnerabilidad. Para ellos, media. Tuvimos que discutir, argumentar y, finalmente, nos firmaron de aceptado. En mi copia tengo la anotación de su parte: "media" escrito arriba de "alta vulnerabilidad". Pero la firmaron.

Se acordó hacer una visita casa por casa. Y esa visita ocurrió el día 20 de abril.


20 de abril del 2026. La visita casa por casa: 

una locura reveladora

Ese día fuimos incluidos en la verificación. Lo que vimos fue una locura.

La gente decía que le llegaba agua entre seis y ocho horas cada veinte días. Pero lo primero que el personal del municipio preguntaba no era sobre la necesidad del servicio, sino si tenían adeudo. Y además, les advertían: si aceptaban el proyecto de captación de agua de lluvia, no podrían tener acceso a la red municipal.

Eso es coacción pura. ¿No es así?

Luego vino una trifulca de dimes y diretes con el líder estatal de la UNTA, que tuvo su propio desliz: pedirle a la gente que si la toma no estaba a su nombre, dijera que no tenía toma. Una acción que, hay que decirlo con claridad, también está mal.

Al final del día, solo se pudieron verificar tres casas. En todas, el patrón era el mismo: veinte días sin agua, entregas de seis horas cuando el suministro llega.

La última reunión fue de nuevo con el alcalde. Dijo que tenía que alinear su presupuesto y que vería cómo hacer para pagar el diagnóstico. Pero entre pláticas, hubo hasta propuestas de pagos por fuera si hacíamos el proyecto nosotros y, con su aceptación, él gestionaba otra fuente de recursos.

Estamos, ahora mismo, en espera de una segunda reunión que supuestamente sería esta semana. Sin visos de que se concrete.


11 de mayo del 2026. La reunión que no querían que tuviéramos

El alcalde nos citó a las 10 de la mañana. Doña Ceci, la líder comunitaria que ha sido nuestra contraparte en Cosautlán, recibió el mensaje con urgencia. Demasiada urgencia, considerando que yo estoy en Xalapa y el viaje hasta Cosautlán toma al menos una hora y cuarto. La hora de la cita parecía diseñada para que yo no pudiera llegar a tiempo, o para que llegara con el aliento cortado y la mente dispersa.

Llegué. Y lo que encontré fue una lección magistral de cómo el poder municipal puede cambiar el marco de la conversación para no mover un dedo.

El alcalde comenzó hablando del problema. Pero el problema, según él, no era la falta de agua, ni la ineficiencia del sistema, ni la desesperación de la gente. El problema, dijo, era la gente misma. Habló de los adeudos. Dijo que la ciudadanía no tiene una responsabilidad bien cimentada porque, en vez de pagar el agua o comprar más tinacos, prefieren comprar teléfonos y motos. Textual. "Esto hace imposible la relación", sentenció.

En ese momento intervine. Le propuse algo que, en mi experiencia como consultor, es lo más sensato cuando el agua y el dinero se mezclan en una madeja de años: revisemos las cuentas. Entendamos que los adeudos no nacieron de la irresponsabilidad, sino que se fueron incrementando desde que el servicio se deterioró. Busquemos un número objetivo, un saldo que el municipio pueda reconocer, y con esa base negocien con la gente su restauración. No era una concesión. Era un método.

No fue bien recibido. Para el alcalde, la gente tiene una obligación ineludible y el municipio no tiene por qué cargar con las consecuencias de su incumplimiento. Punto.

Luego vino la segunda parte de la función. Nos dijo que habíamos hecho el proceso al revés. Que lo que necesitábamos era entregar el proyecto completo y la carta de aceptación ante las instituciones correspondientes, y que entonces él pagaba. "¡Hasta más!", dijo. En ese momento me perdí. ¿Estaba sugiriendo que hiciéramos un proyecto sin diagnóstico, solo para justificar un gasto que ya estaba pactado por fuera? ¿Era una invitación a la simulación? ¿O una oferta corrupta disfrazada de eficiencia? No lo sé. Y no quiero saberlo, cuando estás en medio de una reunión donde se decide el agua de comunidades enteras, es una sensación muy solitaria.

Finalmente, fui directo. Le recordé que el Diagnóstico Participativo Comunitario que estamos solicitando tiene un costo, y que él tiene partidas presupuestales desde las cuales puede pagarlo. Le expliqué que ese costo no debería transferirse así a los ciudadanos, porque es la herramienta que le dará a su propio gobierno una radiografía precisa de lo que su gente necesita. La respuesta fue brutal en su claridad: no lo voy a pagar. Argumentó que tiene muchos compromisos con su presupuesto y que no sabe de dónde sacar más.

Dejemos que el número hable por sí mismo. El presupuesto municipal de Cosautlán ronda los 85 a 90 millones de pesos. Estamos hablando de que un diagnóstico participativo, que le puede dar una visión estratégica de las necesidades reales de su población, representa aproximadamente el 0.29% de su presupuesto. El 0.29%. Y no lo va a pagar.

No se trata de dinero solamente. Se trata de control. Un diagnóstico participativo hecho desde la comunidad es lo último que quiere un poder acostumbrado a decidir por la gente, a imponer proyectos desde el escritorio, a mantener la relación en el terreno de la deuda y la culpa.

Salí de la reunión con una certeza renovada: lo que estamos haciendo es necesario, no porque sea fácil, sino porque es la única forma de romper este ciclo. La gente no es el problema. La gente lleva años sobreviviendo a un sistema que le entrega agua seis horas cada veinte días mientras el municipio les exige pagos puntuales. La gente no compra motos en vez de tinacos: la gente hace lo que puede en un contexto diseñado para que no pueda planificar nada.

Seguimos en espera. Pero esta reunión, con todo y su sabor amargo, nos confirmó que el Diagnóstico Participativo Comunitario no es un trámite. Es un acto de resistencia.


7. Mientras tanto: 

el motor humano no se puede apagar

Aquí es donde entra lo que yo llamo Lean Human Stack, el método que desarrollé después de ver morir a Alimentariia y que está plasmado en mi libro.


El principio es simple: el mayor riesgo de un proyecto cooperativo no es que el gobierno diga que no. Es que la gente se canse de esperar.


En Cosautlán, lo que necesitamos hacer mientras el financiamiento está atascado es mantener viva la visión. Generar reuniones, que la gente sepa cuál es el potencial de una cooperativa: generar y gestionar los pagos de los servicios de consultoría y apoyo con control comunitario de lo que cada quien aporta. Dejar claro que del diagnóstico se está planteando otro proyecto alineado, que la Red +Natural no depende de un solo programa, que hay una arquitectura de largo plazo.

No es motivación barata. Es transparencia metodológica. La gente entiende el tablero de juego, y eso le da paciencia estratégica.


8. Lo que sigue: 

una hoja de ruta abierta

Este artículo es el primero de una serie. Lo que viene ahora es:

  • La segunda reunión con el alcalde (si es que se concreta).
  • La resolución del financiamiento para el Diagnóstico Participativo.
  • El inicio formal del proceso cooperativo con la comunidad, aplicando los principios de Lean Human Stack.

Mi perspectiva es crítica, pero tengo un manifiesto claro: lo vamos a lograr.


Si eres un líder comunitario, un funcionario honesto o un fundador de cooperativa que está luchando contra la misma inercia, quiero que sepas algo: no estás solo. Lo que está pasando en Cosautlán no es un caso aislado. Es el reflejo de un sistema que no está diseñado para acompañar, sino para obstaculizar. Pero se puede navegar. Se puede pelear. Y se puede ganar.


Si quieres compartir tu propia batalla, tienes una puerta abierta.


¿Estás luchando por impulsar una cooperativa en tu municipio?

No tienes que hacerlo solo. Escríbeme y vemos tu caso.

                   MarioAlavés                                                 COmuniia


Próximo capítulo: Otra reunión con el alcalde o en CONAGUA. O lo que pase mientras tanto.

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